Enemigos

3 de marzo
Sábado I semana
Mt 5, 43-48 Yo os digo, amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen.

Esto nos pides, Señor. Me pides. Déjame escuchar lo que me dices, tu palabra, déjame acogerla y hacerla mía. Déjame, Señor oír cómo me dices: ama a tus enemigos, reza por los que te persiguen. ¿Quiénes son Señor, en estos momentos mis enemigos? ¿Quién los que me persiguen? Tú me pides amar….a los que no piensan como yo, a los que yo considero que actúan mal, a aquellos que van en contra de mis intereses, de mis deseos, de mis planteamientos vitales. Amar a todos desde tu mismo amor. ¿A todos? A todos, incluso a mis enemigos.
 

 

Inspiras perdón

2 de marzo
Viernes I semana
Salmo 129 Pero de ti procede le perdón y así infundes respeto

Esto te digo, Señor, en este viernes de cuaresma, contemplando tu cruz. Mi ser espera en el Ti, espera en tu Palabra; te aguardo Señor como el centinela a la aurora. Porque
del Ti viene la misericordia, la redención copiosa.
Te contemplo como una fuente de amor, de perdón, de misericordia. Fuente que sigue
manando y que me hace tener, ante ti, una actitud de agradecimiento permanente. Gracias, Señor, porque te das a mi.
 

 

 

Sola

1 de marzo
Jueves I semana

Est 14, 1.3-5.12-14 Protégeme que estoy sola y no tengo otro defensor fuera de ti.

Es la súplica de Ester, la reina, que intercede por su pueblo. Y sigue siendo la súplica de tantas y tantas mujeres, que no son reinas, sino esclavas de la  marginación, de las carencias, de las desigualdades con que las trata la sociedad…Mujeres que mantienen la vida, la generan y se esfuerzan por transmitirla con dignidad.

Pongamos delante de Dios a  estas mujeres, solas, abandonadas, martirizadas, que no tienen otra protección en nuestro mundo. Y hagamos nuestro ser a imagen y semejanza de Dios, que defiende a los débiles.

 

Signo de Jonás

28 de febrero

Miércoles I de cuaresma

Lc 11, 29-32 No se le dará más signo que el signo de Jonás.

Muerte y vida. En el vientre de la ballena y en la cruz. Ese es el signo verdadero, donde se discierne la verdad de nuestra vida. De nuevo tu cruz, Señor. Tu cruz que es signo de contradicción. La cruz, signo de muerte y maldición. La cruz que escandaliza. La cruz que me cuesta abrazar. La cruz que está siempre presente en mi vida, en la sociedad, clavada en medio de las entrañas del mundo. Esta es la cruz, Señor, donde estás tú salvando.

Sin palabras

27 de febrero
Martes I de cuaresma

Mt 6, 7-15 Cuando recéis no uséis muchas palabras

Contrasta mi palabra, la palabrería de mi corazón tan lleno de mi mismo, con tu Palabra que se encarna en el silencio de la noche. Contrasta el estar en dulce intimidad contigo   con tantas ideas, razonamientos, argumentos y pensamientos con los que a veces quiero convencerte, no se bien de qué, en vez de amarte, de poner mi ser en tus manos y abandonarme a ti, sin darte nada más que los a veces, tan débiles, tan de gorrioncillo fuera del nido, latidos de mi corazón. ¿Qué palabras te dice un gorrión?

 

 

 

No odiarás

26 de febrero
Lunes I de cuaresma

Lv  19, 1-2.11-Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano.

Me sorprende que la razón para todo el tipo de comportamientos que recoge hoy el levítico, y que son leyes para vivir según la voluntad de Dios, es que Yo soy el Señor, tu Dios. El Dios de la vida y del amor. El Dios de la misericordia y el perdón. El Dios de la acogida, el Dios creador. El Dios de la justicia y la paz. El Dios que da su vida, abundantemente, para que todos, tú, yo, el hermano, el enemigo, tengamos vida y vida abundante. Yo soy el Señor, tu Dios, el que te pide que te abras al prójimo como yo me abro a ti. Que seas todo amor y compasión.

Cerca de tu corazón

25 de febrero
I Domingo de cuaresma
Rm 10, 8-13 La Palabra está cerca de ti: la tienes en tus labios y en el corazón

Tu Palabra me da vida. Tu palabra cercana, diaria, sorprendente, exigente, inesperada, conocida pero siempre nueva, renovadora. Tu Palabra en la eucaristía, que alimenta y forma en ti, en tus actitudes, en tus sentimientos, que me hace afectarme por ti. Tu Palabra, Señor, tantas veces silenciosa, en la oración, donde se hace seno en mi seno y entraña en mi entraña, y me hace gemir con dolores de parto hasta que me haga nueva criatura en ti, verdadero discípulo tuyo. Tu Palabra, Señor, que me llega mediada por mis hermanos de comunidad, por la Iglesia. Tu Palabra, Señor, tan cerca de mí.
 

Sígueme

24 de febrero
Sábado después de ceniza

Lc 5, 27-32  Sígueme

Puedo dejar un momento de silencio, vaciando mi corazón y mi mente de otras anhelos, poniéndome ante Jesús desnudo y en gratuidad, dispuesto a que me pida lo que quiera. Incluso puedo cerrar los ojos e imaginarme a Jesús ante mí. No solo preguntarme que he hecho por Jesús, que hago por Jesús, que puedo hacer en el futuro por Jesús, sino darme cuenta lo que Jesús está haciendo por mí.
Y escucharle cómo , de nuevo, me dice: Sígueme.

El ayuno

23 de febrero
Viernes después de ceniza

Is 58, 1-9 El ayuno que yo quiero es esto: que no te cierres a tu propia carne

Ayunar. Ayunar para transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Ayunar para conseguir liberarnos de las cadenas a las que nos ata el propio egoísmo. Ayunar para que nuestra mirada se haga limpia para mirar la realidad propia y ajena: Ayunar para comprometerse en acerca el Reino de Dios, que ya está cerca, a nuestro mundo, en nuestra sociedad. Ayunar de nuestras propias ideas, prejuicios, y planteamientos para abrirnos a los otros, los diferentes…

Y ayunar es partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que va desnudo.. y no cerrarse a tu propia carne.

Tu testigo

22 de febrero
La cátedra del apóstol San Pedro

1 Pe 5, 1-4 Yo, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse

Buen día para sentirse parte de la Iglesia universal, deudor del magisterio de San Pedro, que nos ha llegado a través de los obispos, y de su sucesor, el obispo de Roma, generación tras generación, desde la época de Jesús.

Magisterio que participa, también en nuestro mundo de hoy, de los sufrimientos de la pascua. Siempre en la Iglesia, en su magisterio, en nosotros, muerte y resurrección. Morir a nosotros mismos para dar vida.