Fe

7 de diciembre
Viernes I de adviento

Mt 9, 27-31  Que os suceda conforme a vuestra fe

Una vez más acudo a ti y con sencillez trato de decirte: “ten compasión de nosotros”. Y tú me respondes con una pregunta: “¿Crees que puedo hacerlo?” y la pregunta se hace eco que retumba en mis entrañas: ¿Creo, Señor, que tú lo puedes todo? ¿Creo que tú puedes generar en mi interior cauces de transformación? ¿Creo que el desierto se convertirá en un vergel? ¿Cero que los oprimidos volverán a alegrarse? ¿Creo que los pobres gozarán contigo? Que te suceda conforme a tu fe.

 

Abrid

6 de diciembre
Jueves I de adviento

Is 26, 1-6 Abrid las puertas

¿Qué puertas tengo que abrir en mi vida para acogerte? ¿Qué puertas para que cuando llames mi posada no se cierre sin misericordia, sin conocimiento, sin sensibilidad? ¿Qué puertas tengo que abrir, Señor, para que pases cuando llamas?  Bien las conozco, pues llamas a las mismas puertas desde hace años. A veces las entreabro y dejo que pases, un haz de tu luz, un suspiro de tu palabra. Abre mis puertas, Señor, tú que lo puedes todo. Sácame de los quicios y sensateces que me cierran para ti.

Salvación

5 de diciembre
Miércoles I de adviento

Is 25, 6-10ª Celebremos y gocemos con su salvación

A esto somos convocados durante este adviento, que se nos ofrece siempre como una posibilidad para que renazcamos y brotemos de nuevo a la vida que teníamos olvidada o escondida. Tenemos que prepararnos para poder acoger el don de la vida que llega en Jesús, y que nos revitaliza. Prepararnos para celebrar y gozar con la salvación. Para ello limpiemos, desde hoy,  nuestra mirada para poder ver, en medio de nosotros, a los mudos que hablan, los ciegos que ven, los tullidos que andan.

Paz

4 de diciembre
Martes I de adviento

Salmo 71 Que la paz abunde eternamente

Para que abunde la paz, hazme constructor de paz. Que ofrezca la paz que tú me das, Señor, a los cercanos, a los lejanos, a quien más me cuesta. Que mi paz sea fruto de la flor de la justicia, del no juzgar por apariencias ni sentenciar de oídas; que la paz brote de una justicia que ciñe mis lomos. La paz que hace posible que el lobo habite con el cordero, y la pantera se tumbe con el cabrito. ¿Dónde, a quién, quiero ofrecer hoy este tipo de paz?

Venid

3 de diciembre
Lunes I de adviento

Is 2, 1-5 Venid

Recibimos tu llamada, Señor, a ponernos en movimiento. Hacia ti. “Venid, subamos al monte del Señor”; “vamos a la casa del Señor”. Salir de nuestros inmovilismos. Disponernos a obedecerte, como los criados del centurión, que le dice a uno ve, y va. Desear salir de nuestras parálisis personales y sociales, poner ante ti  las enfermedades que nos impiden caminar. Deseo escucharte: “Voy yo a curarlo”. Tú siempre, Señor, en camino para ofrecernos salvación.

Luz

2 de diciembre
I domingo de adviento

 

Is 2, 1-5 Ven, caminemos a la luz del Señor
Ven, palabra que abre el adviento; decimos, ven, Señor, no tardes ya; ven, Señor, que te anhelamos, que esperamos tu venida; ven, Señor, en ti ponemos la esperanza de que nos saques del dominio de las tinieblas y de las sombras de muerte que a veces atenazan nuestra vida. Y tú respondes: Ven tú, camina a mi luz, date cuenta del momento en que vives, es hora de despertarte del sueño y vivir tu realidad, y vivir mi presencia en ella. Ven, porque la salvación esta ya más cerca.

Velad y orad

1 de diciembre
Sábado XXXIV

Lc 21, 34-36 Estad en vela orando en todo  tiempo
Solo ante ti, Señor, en oración; dándote lo que tu me das, mi ser, en oración; sin buscar otra cosa si no a Ti en mi; sin pretender nada sino alcanzar lo incalcanzable, el ser alcanzado por ti; a tiempo y a destiempo, en oración; manteniéndome porque tú me mantienes; mi tiempo a ti, que eres el tiempo, en todo tiempo. Velad en oración. Alerta, como el centinela espera la aurora. En oración.

 

 

Labios y corazón

30 de noviembre
San Andrés
Rm 10, 9-18 Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás
Mis labios y mi corazón quieren creer, Señor. Mis ojos y mi mente quieren reconocerte resucitado, como Salvador. Mis manos quieren estrecharte, mis pies acercarse, mis entrañas albergarte. Todo mi ser, Señor, quiere abrirse a ti.  Con todo mi ser quiero estar disponible. Este es mi deseo. Y tu gracia, a pesar de mi incredulidades y cerrazones, me sigue salvando.

Miedo y ansiedad

29 de noviembre
Jueves XXXIV
Lc 21, 20-28 Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo

Signos apocalípticos que encontramos cada mañana en los periódicos: guerras, catástrofes naturales, epidemias….a las que se suma nuestra insensibilidad manifiesta para dejarnos afectar por lo que vemos, y procurar cambiar nuestros hábitos, o hacer signos que interpelen. Miedo y ansiedad que se manifiesta cuando nos dan datos de la destrucción que estamos haciendo en la naturaleza, en nuestro mundo. Seguimos matando, poco a poco, la vida. La que tú has creado y cada día nos das.
a las que no podrá hacer frente.

 

Palabras y sabiduría

28 de noviembre
Miércoles XXXIV
Lc 21, 12-19 Yo os daré palabras y sabiduría…

a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Palabras y sabiduría que son don tuyo, Señor,  y no elaboración de mi mente. Me dices que haga propósito de no preparar mi defensa…que haga propósito de confiar en ti, de abandonarme, de saber que todo el resultado depende de ti…¡cuánto me cuesta esta actitud, Señor! En el fondo debe ser porque no acabo de confiar en tu palabra y en tu sabiduría, y me lleno de mi palabrería y de mi necedad.