sanado

11 de febrero
Nuestra Señora de Lourdes

Mc 6, 53-56 los que lo tocaban se curaban

Hace dos años, en la festividad de todos los santos, en el santuario de Lourdes, te pedí con fe que por intercesión de la virgen María me sanases. Me bañé en las aguas de tu vida, manantial de tu bondad y tu dulzura. A su hora, en su momento, tú harás todas las cosas a su tiempo. El tiempo de la liberación pertenece a la soberanía de tu gracia. Bendice, alma mía, al Señor, Dios mío, que grande eres.

Labios impuros

10 de febrero
V domingo

Is, 6,1-2ª.3-8 Yo, hombre de labios impuros, he visto con mis ojos al rey

Es verdad, tu Palabra me pone un espejo. Soy hombre, tengo los labios y las entrañas impuras, y sin embargo te has mostrado para mí, y me acercas cada día a contemplar las maravillas de tu amor. Con mis labios impuros te canto, purifica mis deseos, enciende mi corazón, sana todas mis heridas, incendia en tu amor mi amor.

El bien

9 de febrero
Sábado IV

Hb 13,15-17.20-21 No olvidéis hacer el bien

Buen consejo me das, Señor, no olvidar hacer el bien, en cualquier circunstancia, sin esperar nada a cambio. Tú eres mi bien, gratis me lo das, gratis lo recibo, que gratis comparta e bien de tu amor. Que como tú, cada día, especialmente el día de hoy, pase haciendo el bien.

Hospitalidad

8 de febrero
Viernes IV

Hb 13, 1-8 No olvidéis la hospitalidad: por ella, algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles

Señor, haz que abramos nuestro corazón, nuestros hogares, nuestros trabajos, nuestra abundancia, con los inmigrantes y refugiados que acuden hasta nosotros en busca de una vida mejor. Destierra de nosotros todo tipo de xenofobia o discriminación. En tus manos, Señor.

austero

7 de febrero
Jueves IV

Mc 6, 7-13 ni pan, ni alforja ni dinero suelto en la faja

Así me llamas a seguirte y a manifestarte…en pobreza radical. Concédeme la gracia de vivir solo en ti, desprendido de todo lo que no seas tú, el tesoro de mi corazón. Hazme cada día más austero y desprendido, más sensible a las necesidades de los demás. Que en ti lo espere todo, y sepa preferirte sobre todas las cosas.

Regalo de tu gracia

6 de febrero
Miércoles IV

Hb 12, 4-7.11-15 Procurad que nadie se quede sin la gracia de Dios

El tesoro de tu gracia, sabiduría y prudencia ha sido un regalo en mi vida. Me llamas a compartir ese regalo con otros, a administrar el don que me has dado. Tu gracia vale más que la vida, te alaban mis labios. Toda mi vida te bendigo y alzo las manos invocándote.

Fijos los ojos

5 de febrero
Martes IV

Hb 12, 1-4 Fijos los ojos

Fijos los ojos en ti, dulce esposo y redención, en ti, Cristo amado, que me has llamado, escogido, mantenido, sostenido, perdonado, salvado. Fijos lo ojos de mi mente y de mi corazón en ti, que inicias y completas la fe, en ti, alga y omega, fortaleza de mi gozo. Que la mirada no se canse nunca de contemplarte, ni de centrar mi vida en ti.

Algo mejor

4 de febrero
Lunes IV

Hb 11,32-40 Dios tenía preparado algo mejor a favor nuestro

tu gloria. Me desvelarás tu gloria en el momento en que me encuentre contigo. Porque al contemplarte, Dios mío, seré para siempre semejante a ti y cantaré eternamente tus alabanzas, por Cristo Señor Nuestro.

Amor

3 de febrero
IV domingo

I Cor 12, 31-13,13 El amor es

Tú eres un Dios de amor. El amor es paciente, benigno, no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo espera, todo lo soporta. El amor, tu amor por mí, no pasa nunca. Me llamas a amar desde tu amor. El alma que anda en amor ni cansa ni se cansa.

Jornada Vida religiosa

2 de febrero
La presentación de Jesús en el templo

Lc 2, 22-40 La gracia del señor estaba con él

Tu gracia vale más que mi vida, te alabarán mis labios. Toda mi vida te bendeciré y alzaré las manos invocándote, me saciarás como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.
Así, Señor, la vida religiosa, llena inexplicablemente el mundo con la plenitud de tu Gracia, pulmón que purifica la humanidad, desde la sencillez de lo oculto, que se entreteje en las entrañas de la tierra.