Enjundia y manteca

28 de mayo
Sábado VIII

Salmo 62 Oh Dios

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo. Mi alma está sedienta de ti. Mi carne tiene ansia de ti, como tierra reseca, agostada, sin agua. ¡Cómo te contemplaba, viendo tu fuerza y tu gloria! Tu gracia vale más que la vida. Más que la vida. Tu gracia. Te alabarán mis labios. Toda mi vida te bendeciré, y alzaré las manos invocándote. Me saciaré como de enjundia y de manteca, y mis labios te alabarán jubilosos.

Que así sea.

1020LUNWERG-  46-47.
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Autor: Nano SM

Religioso Marianista, sacerdote. Actualmente trabajo en la pastoral de un colegio en Madrid, precisamente donde estudié y sentí la llamada a la vocación religiosa. Desde hace tres años escribo cada día un comentario a la Palabra de Dios, que me ayuda a encarnarla y a darla a los demás. De alguna manera participo en la misión de María, dando a Jesús, dando su Palabra.

3 opiniones en “Enjundia y manteca”

  1. Seguimos buscando, Señor, la fuente cristalina donde apagar la sed. Tratando de unir la reflexión y los propios sentidos, lo cual nos lleva, una y otra vez, a meditar, no sólo sobre lo que aconteció, sino también sobre lo que pudo ser.

    Concluyendo, Señor, que la inteligencia humana no alcanzará nunca a conocer tus designios: “… el poder es de Dios; de ti, Señor, es la lealtad…”

  2. Que mi palabra no se tuerza
    ni se cierren mis labios

    Que mi rostro te lleve lejos
    y la misericordia se escape de mis manos

    Que no juzgue
    ni condene

    Que todo mi ser te alabe

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