Consolad

10 de noviembre
Martes II de adviento

Is 40, 1-11 Consolad, consolad a mi pueblo

Tu pueblo, señor, los más pobres y necesitados, los que se manifiestas pidiendo acceder a la misma educación, sanidad, posibilidades sociales que los más privilegiados, pidiendo igualdad y equidad, sin conocerte, sin intuirte, sin saber que tú haces que los valles se eleven y las colinas se abajen, que lo escabroso se iguale. Sin saber, Señor Dios nuestro, que eres el buen pastor que vas en busca de la oveja perdida.

Inmaculada

8 de diciembre
Inmaculada Concepción

Lc 1, 26-28 Alégrate

“Alégrate, mi presencia en tu vida es don de alegría y gozo, alégrate porque vengo a habitar en medio de ti, porque te amo y te salvo, ya lo sabes, oruguita tierna, mi bien, te visto con mi hermosura y mi belleza, te hago seno de mi voz de mi palabra, pongo en tu vientre la luz para alumbrar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte”, me dices, Señor, hoy las palabras que le dijiste a María, tu madre.

Luz

7 de diciembre
Sábado II de adviento

Is 30, 19-21.23-26 La luz de la luna será como la luz del sol

Oh maravilla de tu amor: la luna es luna y es como el sol. Todo en ti, plenitud serena. Todo en ti y en su ser, cantando tu alabanza. Todo perdido y todo hallado. Todo bendecido y olvidado. Todo desaparecido. Todo abandonado. Todo en ti.

Confío en ti

5 de diciembre
Jueves I de adviento

Is 26, 1-6 Porque confía en ti

Confío en ti porque tú me das tu confianza plena, y tu sol calienta mis entrañas mientas escribo en esta mañana de frío otoñal; el cielo transparenta tu presencia, mi ánimo está firme y mantiene la paz porque confía en ti; te rindo mis batallas y mis amores, a tu sabor reposo, en ti transformado, bienamado.

Codornices escabechadas

4 de diciembre
Miércoles I de adviento

Is 25, 6-10ª Un festín de manjares suculentos

Codornices escabechadas en el hogar de tu ternura, el sabor de los cítricos maduros de la ladera que acaricia tu mar, un festín de vinos de solera, en la bodega de tu conocimiento, el don de tu amistad, tu cercanía, un manjare exquisito tu cuerpo, un vino refinado tu sangre, tu presencia un manantial de sabores, un dulce gusto, un escalofrío, tu tacto en mi herida, la gasa imperceptible de tu seda. Aquí está nuestro Dios, esperábamos en él y nos ha salvado.

un vástago

3 de diciembre
martes I de adviento

Is 11, 1-10 De su raíz florecerá un vástago

Y floreces en mi año tras año, a esta edad tardía; revolotea tu espíritu sobre mí; fortaleces mi debilidad; pones tus palabras en mi boca, siervo de labios impuros transformados por tu don y tu gracia; tus aguas colman mi mar; me desbordas en flores; tus alas de paloma, tus plumas de colibrí, vuelo en tu vuelo; tu lealtad cinturón de mis caderas. Y aunque retozo junto al escondrijo de la serpiente nada temo porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan.

Adviento

1 de diciembre
I domingo de adviento

Rm 13, 11-14ª Ahora la salvación está más cerca

Tan cerca que tu aliento está en mi aliento, tu carne en mi carne, tu palabra en mi boca, tu amor anida en mi corazón. Tan cerca que tu luz desvela mis tinieblas y me arma de valor. Tan cerca que tu paz mis construye mis días. Tan cerca que entras en mi cuerpo para revestirme de tu bien, de tu bondad, de tu verdad, y alejarme de las lujurias y desenfrenos. Tan cerca que me haces andar en pleno día, con la dignidad del sentirme deseado por ti y desearte como único ser de mi vida. ¡Ven Señor Jesús!