Resucitado

18 de septiembre
Viernes XXIV

Icor 15,12-20 Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe

Tu resurrección es la que da raíz y consistencia a mi vida. A mi amor y a mi esperanza. Por eso, Señor, auméntame la fe en que has resucitado, en que la muerte no tiene la última palabra, ninguna muerte, en ningún momento de la vida. Porque tú eres un Dios de vivos, y no de muertos, un Dios que estás siempre vivificando.

El amor…

16 de septiembre
Miércoles XXIV

ICor12,31-13,13 El amor es…

Siempre envolviéndome en tu amor, Señor, que es paciente, benigno, misericordioso. Que me llama a amar, es decir, a no tener envidia, a no presumir, a no engreírme; a no ser indecoroso ni egoísta, a no irritarme, a no alegrarme de la injusticia, a alegrarme con la verdad. Con tu verdad, en el lecho de tu amor.

Dolores

15 de septiembre
Nuestra señora de los Dolores

Jn 19, 25-27 Ahí tienes a tu madre

Al pie de la cruz nos das a María. En el dolor haces fecunda su maternidad. Nuestra Señora del Dolor, de la Soledad, de la pesadilla, del desgarro, de la incomprensión, de las entrañas desentrañadas. Y por eso, Amparo, Refugio, Gracia. Santa María, ruega por nosotros.

Tu cruz

14 de septiembre
La Santa Cruz

Fil2, 6-11 Hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz

Te contemplo en la cruz. Despojado, despreciado, tenido por delincuente, abajado hasta una muerte horrenda. Y te pido, Señor, que me ayudes a abrazarte en la cruz, que me ayudes a tomar contigo la mía, y a seguirte, renunciando a mi mismo. Por amor a ti.

Reconciliación

13 de septiembre
XXIV Domingo

Mt 18, 21-35 hasta setenta veces siete

Así me pides que perdone. Y para perdonar así solo lo puedo hacer desde tu corazón misericordioso: padre, perdónales porque no saben lo que hacen. Cuando no perdono es porque estoy afincado en mi herida, en mi dolor, en mi rencor, en mi ira, dando vueltas en espiral sobre mi propio ego. Ayúdame a salir de ahí. Perdona tú mis deudas, como yo perdono a mis deudores.

Entrega

11 de septiembre
Viernes XXIII

I Cor 9, 16-19.22-27 Y todo lo hago por causa del evangelio

A eso aspiro. A vivir anunciando tu evangelio, a recibir tras mi carrera la corona que no se marchita. Aunque si tengo que ser sincero todo lo hago porque me amas, y necesito darme, ponerme en tus manos, sin limitación, sin medida, con una confianza infinita en tu amor, porque tú eres la vida de mi vida.
Hoy hace 37 años que hice la primera profesión como religioso marianista. Tres años antes, hace cuarenta, empecé a vivir en una comunidad. Mil años en tu presencia son una ayer que pasó.