Tus pies

30 de noviembre
Viernes XXXIV

Rm 10, 91-18 Qué hermosos los pies que anuncian la Buena Noticia

Yo, que no soy piedra, sino camino que cruzan al pasar los pies desnudos, muero de amor por todos ellos. Valgan estos versos de Cernuda como oración del día, tú mi camino, mi verdad mi vida, tú la esperanza firme que me queda, tú la Buena noticia de la salvación

Tuyos

29 de noviembre
Jueves XXXIV

Ap 18,1-2.21-23; 19, 1-3.9ª La salvación, y la gloria y el poder son de nuestro Dios

Tuyos son el poder, y el honor, y la gloria por siempre, Señor, Te alabarán mis labios jubilosos, cuando cante para ti. Y mi carne se estremece en tu canto de alabanza, Señor Dios, rey del cielo y de la tierra, rey de mi vida.

En tu mar

28 de noviembre
Miércoles XXXIV

Ap 15, 1-4 Estaban de pie sobre el mar cristalino

Renacerás en la ola y aún te amaré. Renacerás en el hombre y aún te amaré. Renaces cada día y cada día deseo amarte, con un amor total, loco, donde quepa todo el universo, y todos los seres de la tierra, y todas las aves del cielo, y las estrellas, y el sol y la luna. Dame de tu propio amor para amarte.

Cristo Rey

25 de noviembre
Cristo Rey

Ap 1, 5-8 Yo soy el Alfa y la Omega

Tú eres el principio y el fin. ¿Dónde estaba y antes de nacer, sino en ti? ¿Dónde iré después de morir, sino a ti? Tú eres el principio y el fin del universo, existías antes de que fueran creadas las cosas, serás después de su consumación. Tú, Señor del tiempo y del espacio, Cristo Rey. Dejo las palabras desnudas y te adoro.

Mi roca

24 de noviembre
Sábado XXXIII

Salmo 143 Bendito sea el Señor, mi Roca

Adiestras mis manos para el combate, pones en mi la espada de fuego para vencerme a mí mismo, y derrotarme en ti. Eres mi bienhechor, mi alcázar, baluarte donde me pongo a salvo. Siempre lo has sido, Señor y Dios mío. Sostén y refugio, con una paciencia infinita, miserando atque eligendo.

Penitente

22 de noviembre
Jueves XXXIII

Ap 5, 1-10 Deja de llorar

Pero sigo llorando. Y con mis lágrimas riego el libro, y me anego en ti. Lloro como una Magdalena penitente, lloro por tanto mal que he hecho, por tanta infidelidad, por tanto bien como he dejado de hacer. Lloro y me duele el corazón. Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío, por ser por ser Vos quién sois, bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberos ofendido. Y mis lágrimas abren tu libro, y sus siete sellos, y me maravillas en tu amor.

Presentación de María

21 de noviembre
Presentación de la Virgen María

Salmo 150 Alabad al Señor en su templo

Te alabo, Señor, unido a María. Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Bien lo sabes, Señor, haces obras grandes en mí. Santo, Santo, Santo es el señor Dios. Te alabo, te adoro, quedo en ti.