Mi carne

17 de octubre
Miércoles XXVIII

Ga 5, 18-25 Las obras de la carne son conocidas

Bien conoces las obras de mi carne. Carne que es tierra reseca, agostada, sin agua, cuando no la riega el caudal de tu Espíritu. La carne de mi yo que se quiere reafirmar, sediento de crecer, de autonomía, referencial. Y también la sed de tu Espíritu me hace ser en tu amor, en tu alegría, en tu paz, que me transforma y me hace paciente, bondadoso, leal, modesto, con dominio de mí. Solo cuando en mi carne entra el vendaval de tu Espíritu, y te encarnas en mi ser tuyo, transformas mi ser en alabanza de tu gloria.

Solo por amor

16 de octubre
Martes XXVIII

Ga 5, 1-6 la fe que actúa por amor

Esto es, el amor. Vínculo contigo, experiencia de tu ser, de tu cuerpo, de tu salvación, de tu mirada, de tu cercanía, de tu silencio, de tus entrañas de misericordia donde me habitas, donde te habito, de la confianza. Amor que me lleva a la fe en ti, Señor y dador de vida, vida de mi vida, carne de mi carne, pasión que me renueva cada día en el desierto del ser, en la soledad sonora, en tu cena, que me recrea y enamora.

Revestido

15 de octubre
Santa Teresa de Jesús

Ecl 15,1-6 Lo revestirá con un vestido de gloria

Y de la luz de tu rostro amado. Y de la misericordia que ciñe tu cintura. Transfigurado en ti, como una novia que se adorna con sus joyas. Como un novio que atisba por el otero, en busca del amado. Dell amado de mi corazón. De tu fuente tu amor y tu sabiduría; me alimentas con el cuerpo, y me nutres en tu gozo y en tu paz. Duce esposo y redención, pues por vuestro me ofrecí, ¿qué mandáis hacer de mi?

Mis deseos

14 de octubre
Domingo XXVIII

Heb 4, 12-13 La Palabra de Dios…juzga los deseos e intenciones del corazón

Tú, Señor, sabes los deseos e intenciones de mi corazón tan volátil, sabes que tu Palabra me interpela, me acaricia, me conduce, me renueva, se posa en mí, en el silencio de mi tierra, y germina para ti, gracias a ti. Señor, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, mira si mi camino se desvía, guíame por el camino recto y eterno.

Con tu Palabra

13 de octubre
Sábado XXVII

Lc 11, 27-28

Alcanza mis ojos, y mi corazón, el mismo evangelio que leímos ayer. Y de nuevo, en una letanía repetida de oración incesante, te pido Señor que escuche tu Palabra, que la guarde en mi corazón, que la encarne en mi ser, que la cumpla, que dé frutos abundantes para gloria de tu nombre. Pues sin ti nada se, nada puedo, nada alcanzo.

Con María del Pilar

12 de octubre
Nuestra Señora del Pilar

Hechos 1,12-14 Todos perseveraban unánimes en la oración, con María, la madre de Jesús

Señor, por la intercesión de nuestra señora del Pilar danos fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. Danos el permanecer unidos con el Papa Francisco, aleja de tu Iglesia el demonio de la división, la calumnia, la malediciencia, el afán de poder, la plaga de la mundanización. Danos el don de la oración, una mirada de fe sobre los acontecimientos de nuestra vida diaria. Que escuchemos tu Palabra y la cumplamos, sin pretender nada nuestro sino cumplir tu voluntad.

Tu Espíritu

11 de octubre
Jueves XXVII

Lc 11, 5-13 El Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden

Tu Espíritu, Señor, vida y abundancia, fuente del mayor consuelo. Tu Espíritu que baja hasta nosotros y hace prósperas las obras de nuestras manos. Tu Espíritu que me fecunda y me hace fecundo. Tu Espíritu, que es aurora y rocío, noche serena, campo de estrellas y alianza. Danos tu Espíritu, Señor, y renueva la faz de la tierra.

Sólo tú

9 de octubre
Martes XXVII

Lc 10, 38-42 Solo una cosa es necesaria

No andes inquieto y disperso, de aquí para allá, yendo y viniendo, desasosegado, poniendo en lo que no es la importancia, como si fuera, sin darte cuenta que solo una cosa es necesaria: escuchar mi Palabra y ponerla en práctica, vivir el evangelio y practicar la justicia, en definitiva, amarme sobre todas las cosas y amar a tu prójimo como a ti mismo.

tu prójimo

8 de octubre
Lunes XXVII

Lc 10, 25-37 Anda y haz tú lo mismo

es lo que me dices, Señor, anda y haz tú lo mismo, sé samaritano que se compadece del herido al borde del camino de nuestra sociedad opulenta, venda sus heridas, vierte el aceite del consuelo y el vino abundante de la alegría, móntalo en tus lomos, llévalo a tu casa, cuídalo, se su prójimo. Y no te cierres, por el don de la misericordia que recibes de mí, no te cierres a tu propia carne.