De vuelo

14 de diciembre
San Juan de la Cruz

Is 48,17-19 Yo el Señor te instruyo por tu bien

A tu sabor reposo. Me entras donde no supe, y me dejas no sabiendo, toda ciencia trascendiendo. Aturdido y pleno. Reseco y bendecido. Herido en la flor. El rostro reclinado, sobre los dulces brazos del amado. Diréis que me he perdido, que andando enamorado, me hice perdidizo y fui ganado. ¡Apártalos, Amado, que voy de vuelo!

Tu abundancia

13 de diciembre
Jueves II semana

Is 41, 13-20 No temas, gusanito de Jacob, oruga de Israel, yo mismo te auxilio

Tú me has trillado y demolido en tus dulzuras de amante, reducido a polvo y paja, has aventado y esparcido mis semillas, has dispersado mi vida con vientos sin fin. Con la lengua reseca, con los labios llagados, sigo tarareando el canto de tu amor, de la garganta brota un manantial de marismas, el yermo se ha convertido en vergel. La huerta de tu abundancia en mi corazón. Tú eres mi Señor.

Aligeras mi vértigo

12 de diciembre
Miércoles II de adviento

Is 40, 25-31 Los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas

Desbordo de gozo en el Señor, y me alegro con Dios, tú me das la fuerza de un búfalo, me unges con aceite nuevo. Pones en mi cuerpo alas de águila para aligerar mis vértigos a las alturas, me alzas de tus auroras para reposarme en tus tramontos, me haces correr por tus veredas escondidas, corro y no me fatigo, pues el alma que anda en amor ni cansa ni se cansa. Tú me festejas.

Carne campestre

11 de diciembre
Martes II de adviento

Is 40, 1-11 Toda carne es hierba y su belleza flor campestre

Carne que me aparta de tu encarnación. Carne deseada, carne abierta y vertida, carne caída, carne ajada, carne pasajera, carne soñada. Has soplado tu aliento sobre esta carne marchita y lacerada y lo torcido se ha enderezado, pues tu Palabra permanece para siempre en mí. Me has alzado entre cantos de júbilo y alabanza. Tu victoria en mi, Señor.

Tu flor

10 de diciembre
Lunes II de adviento

Is 31, 1-10 Florecerá como flor de narciso

El desierto y el yermo se regocijarán, como se regocija mi corazón de piedra cuando has empezado de derretirlo. Y mi aridez, tan reseca, encallecida por el paso del tiempo y del pecado, inesperadamente, mediado ya el camino de la vida, se abierto en llaga florecida, bendita herida, tan dolorosa, que mereció tal redentor. Florecido como flor de narciso, jacinto oloroso, jazmín intenso, azahar de promesas, rosa temprana, lavanda en estío, romero de resurrección.

Diadema de gloria

9 de diciembre
II domingo de adviento

Ba ruc 5, 1-9 Ponte en la cabeza la diadema de gloria

Engalánate de confianza, con los zarcillos de la maravilla, pues el Señor ha estado grande contigo, y se ha fijado en ti. Ponte los zajones repujados en coral, los más flexibles, vístete de tu misma piel, tierna y dulce, pues el Señor se ha fijado en ti, te ha teñido con su misericordia sin fin. Él desborda tus alegrías, te lleva por caudales que nunca, ni en el mejor de tus sueños, habrías podido imaginar. Despierta y danza en el éxtasis olvidado del amor. El Señor está en ti y de colma de gracia y bendición.

Inmaculada

8 de diciembre
La Inmaculada Concepción de María

Ef 1,3-6.11-12 La gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en el Amado

Tu gracia generosa, tu gracia que elige, prepara, dispone…en corazón de María. Gracia de amor, gracia de salvación, gracia derramada, gracia que todo lo alcanza. Bendita eres, llena de gracia, el Señor está contigo. Desde antes de la creación del mundo, santa e irreprochable ante él por el amor.