Volver a la casa

23 de febrero
Sábado II de cuaresma
Lc 15, 1-3.11-32 Un hombre tenía dos hijos

¿ Y si encuentro un rato  más prolongado hoy ( dos o tres minutos más de lo habitual) para que resuene en mí la parábola del hijo pródigo, para sentirme pecador abrazado por ti, en lo más profundo de mi ser perdonado? Sentir que me pones el traje de hijo, me calzas como a hombre libre, haces la fiesta para celebrarlo. O sentirme, también, hijo que siempre está contigo y que tiene celos de su hermano, y no sabe alegrarse en el gozo de un padre que es todo ternura y misericordia.

Rezamos y nos hacemos solidarios de los habitantes de  Angola

 Otsailak 23

Garizumako II asteko larunbata.

Lk. 15,1-3 Gizon batek bi seme zituen…
Eta zurekin egoteko tartetxo luzeago bat bilakatuko ba nuke? Zertarako? Niregan seme galduaren parabilaren oihartzunez betetzeko… Zure besarkada estuan loturik nire pertsona bekataria sentitzeko…Zure barkamenaren gozoaz blaituta gelditzeko… Jantzi berria, semearen jantzia azten didazula sentitzeko, gizon librearen oinetakoak zeure eskutik jasotzeko…jai giroa gozatzeko. Edota, Zurekin dagoen seme nagusiaren zeloak sentitzeko, edo, aita onbera eta errukitsua delako, pozaren-pozez, alaitzen ez dakidalako…

 

Angolako  biztanleen alde otoitz egiten dugu, eta beraiekin solidarizatzen gara.

Autor: Nano SM

Religioso Marianista, sacerdote. Actualmente trabajo en la pastoral de un colegio en Madrid, precisamente donde estudié y sentí la llamada a la vocación religiosa.

Desde hace tres años escribo cada día un comentario a la Palabra de Dios, que me ayuda a encarnarla y a darla a los demás. De alguna manera participo en la misión de María, dando a Jesús, dando su Palabra.

Un comentario en “Volver a la casa”

  1. Parábola del hijo pródigo. Dos o tres minutos más de lo habitual para ver y sentir a mi Padre como sale a esperarme cada día y se conmueve al verme llegar arrepentido, y no se enfada, y no me castiga, y se alegra, y me besa, y me llena de joyas y ropas buenas, y hace una fiesta en mi honor, y me llena de ternura.
    Y para encontrarme con ese Padre que me espera, solo tengo que levantarme y ponerme en camino, con eso es suficiente, y luego, la fiesta, el amor.
    ¡Hoy es un día de fiesta, de esperanza, de llenarse de la misericordia de Dios!

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