Santo Tomás

3 de julio
Santo Tomás, apóstol

Jn 20, 24-29 ¡ Señor mío y Dios mío!

Es el grito de la incredulidad transformada en fe. ¿Cómo he podido dudar, Señor, de su presencia resucitada en medio de nosotros? ¿Cómo no he sido capaz de creer a mis compañeros, que te han visto y han experimentado que su luto se cambia en danza? ¿Cómo he tenido que necesitar ver p ara creer? El lamento de Tomás, es, tantas veces, mi lamento. A donde llega tu palabra ofreciéndome la dicha de creer sin haber visto.

0703

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Este mensaje fue publicado el 3 Julio 2009 en Meditación diaria
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« Isaac   Bendecir »

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