Vio y creyó

27 de diciembre
San Juan Evangelista
Jn 20, 2-8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro. Vio y creyó.

Recién nacido tú, Señor, y ya tenemos la perspectiva del misterio pascual. Naces para dar la vida por nosotros. Naces para la muerte, para destruir nuestra muerte con la fuerza de tu resurrección.

Nos invitas a entrar en el portal, en el sepulcro. En el primero te vemos oculto en pañales. En el segundo encontramos el sudario y las vendas, pero no tu cuerpo glorioso. Nos invitas a entrar, a ver, a creer, y a contar lo visto y lo oído, para que todos tengan la vida abundante que tú traes.

San Esteban

26 de diciembre
San Esteban
Hechos 6,8-10; 7, 54-60 Señor Jesús, recibe mi espíritu

Ayer nace Jesús. Hoy celebramos el martirio del primer discípulo que da la vida dando testimonio por Cristo. Unido a él, en la vida, en la muerte, en la predicación. Como el maestro. Una vida hecha en el camino del seguimiento. Hechos y dichos. Testimonio. Palabra, entrega y radicalidad.

En Esteban estoy invitado a verme yo también, como otro Cristo. ¿Me veo?
Concédeme la gracia de hacerme niño en ti, Señor, y crecer contigo desde esta Navidad.

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Navidad

25 de diciembre
Misa vespertina de la Vigilia
Is 62, 1-5 Ya no te llamarán Abandonada, ni a tu tierra devastada; a ti te llamarán “mi favorita” y a tu tierra desposada, porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo.

Leo y escucho esta palabra y me lleno de gozo. Y me preparo con amor a recibirte, pues tú vienes hasta mí para ofrecerme tu amor, que es plenitud de mi vida y salvación. Gracias, Señor. Que te acoja hoy y siempre.

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Misa de la medianoche
Lc 2, 10-11 Y aquí tenéis la señal. Encontraréis un niño envuelto en pañales.

La señal de la gracia de dios, que ha aparecido en la noche. El niño que nos ha nacido, el hijo que se nos ha dado; el príncipe de la paz. Aquél que es anunciado en la noche a los pastores es todo esto y más.

¿Qué vieron los pastores en la oscuridad de la noche, en la oscuridad de un portal? Sombra, penumbra, ninguna claridad. Y sin embargo, el niño, en el pesebre, es la señal que también se te ofrece: la luz del mundo, la gloria de la humanidad.

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Misa de la aurora
Lc 2, 15-20 Los pastores se volvieron dando gloria a Dios por lo que habían visto y oído

Tras escuchar el anuncio del ángel; tras creer en la buena noticia ofrecida, tan desconcertante, y en la señal; tras escuchar los coros celestiales dando gloria a Dios y ofreciendo paz a los hombres que ama el Señor, van corriendo, raudos, sin perder el tiempo, a ver eso que ha pasado. Encuentran a María y al niño. Cuentan lo que les ha sido anunciado. Todos los que escuchan se quedan admirados.

Escuchar, creer, ir, proclamar, narrar, admirar, contemplar, dar gloria a Dios por el Niño que ha nacido. ¿Qué haces tú hoy?

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Misa del día
Jn 1, 1-18 En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres

Te miro, te admiro, te adoro. Me abro a ti, que irrumpes en mi vida, hoy de forma especial, una vez más, como cada día. Me llega la Palabra, tu palabra, tú mismo, y quiero acogerte desde el seño de María. Tu Palabra que hace todo, que recrea todo, que me rehace cada día y me ofrece la oportunidad de ser más tuyo y para ti. Tu Palabra que me da la vida, que alumbra mis tinieblas, que me llena de tu claridad y me hace radiante. Tu Palabra, tú mismo Jesús, alumbrando a la humanidad en este día de Pascua de Navidad. Gracias por tu vida. Por tu Palabra. Amén, Señor Jesús.
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Nuestra paz

24 de diciembre
Domingo IV de adviento
Miqueas 5, 1-4ª Este será nuestra paz

El niño que va a nacer, el sol que nos visita de lo alto, el pastora de Israel, la luz de las naciones, la maravilla de consejero, la esperanza de su pueblo, el agua viva, la gloria de Dios que pone su tienda entre nosotros…en un niño que está a punto de ser alumbrado, de ser dado a luz por su madre…este niños, Jesús, Dios con nosotros, se ofrece como la paz y la plenitud de tu vida.

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Soltar la lengua

23 de diciembre
Feria de Adviento
Lc 1, 57-66 Inmediatamente se le soltó la lengua y empezó a hablar bendiciendo a Dios

Suelta mi lengua, Señor, para ti. Haz silencio en mi boca para que pueda narrar las maravillas de tu amor. Enmudece mi corazón de otros afectos para poder alabar y bendecir tu nombre, porque tú solo eres grande, porque ¿qué soy yo para que te acuerdes de mí, qué las demás criaturas para que pienses en ellas? Como un soplo que pasa, como una ayer que pasó…Y sin embargo has puesto tu tienda entre nosotros y nos has ofrecido tu salvación. Gracias, Señor.

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Proclama mi alma

22 de diciembre
Feria de adviento
Lc 1, 46-56 Proclama mi alma la grandeza del Señor

Y ¿cómo no voy a proclamarla? Se acercan los días santos de tu nacimiento, Señor. Proclamo tu grandeza. Te espero junto a María, guardando cada latido de tu ser en mi corazón. Te espero, te imagino, de deseo, te intuyo, te reconozco, te experimento dentro de mi, abriéndote a la vida desde el seno que tú mismo has puesto en mí para acogerte. Te sé, Señor en mí y me maravillo. El Señor ha hecho obras grandes por mí. Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

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Dichosa tú

21 de diciembre
Feria de adviento
Lc 1, 39-45 Dichosa tú que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá

Eres un Dios fiel. En ti confío, Señor. Te manifiestas en lo pequeño y en lo grande de mi vida; me vas diciendo, cada día, que cumples tus promesas, que no abandonas la obra de tus manos, que los que acuden a ti no quedan defraudados para siempre, que estás recreando cada día la historia personal, haciéndome en ti, desde una perspectiva que yo no entiendo pero que se en tus manos. Lo que le dijiste a María se ha cumplido. Hijo de María, en tu hijo, soy. Por ti dichoso.

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Alégrate, María

20 de diciembre
Feria de adviento
Lc 1, 26-38 Alégrate, María, llena de Gracia, el Señor está contigo

Me alegro, María, en tu alegría. María tú, portadora de Gracia; tú, caudal de vida; tú, fuente que no cesa de darnos a Jesús. María, el Señor está contigo y nos lo das como fruto bendito de tu vientre. Haces tuya la palabra y la encarnas en tu seno, que se hace acogida y misterio, para acogernos y entrañarnos, en el mismo seno de Jesús. María cuanto silencio, lleno de admiración, quiero poner en mi corazón estos días para alegrarme contigo en el nacimiento de Jesús, gran alegría para todos los pueblos.

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Hombre viejo

19 de diciembre
Feria de adviento
Lc 1, 5-25 Yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada

Viejo de mente, viejo de miedos, viejo de seguridades, viejo de hábitos que no quiero cambiar, viejo, Señor, de hombre viejo. Y tú siempre, cada día, cada navidad, viniendo y trayendo novedad a las senectudes de mi vida. Sal de tu tierra y de tu casa, no temas, te llenarás de alegría, déjate invadir por el Espíritu que te ofrezco para acabar con todo lo que te impide saltar como una gacela enamorada, que viene tras de mí.

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Sueños

18 de diciembre
Feria de adviento
Mt 1, 18-24 Se le apareció en sueños un ángel

Los sueños de José que se estremece al creer que el niño de María es Emmanuel, Dios con nosotros…los sueños de María, al entretejer con su vida el ser de su hijo, Hijo del altísimo…los sueños de los pastores, encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre…los sueños de los magos, hemos visto una estrella y venimos a adorarlo. Sueño en sus sueños, sueño, Señor, que sigues viniendo a nosotros, cada día.

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