No odiarás

26 de febrero
Lunes I de cuaresma

Lv  19, 1-2.11-Yo soy el Señor. No odiarás de corazón a tu hermano.

Me sorprende que la razón para todo el tipo de comportamientos que recoge hoy el levítico, y que son leyes para vivir según la voluntad de Dios, es que Yo soy el Señor, tu Dios. El Dios de la vida y del amor. El Dios de la misericordia y el perdón. El Dios de la acogida, el Dios creador. El Dios de la justicia y la paz. El Dios que da su vida, abundantemente, para que todos, tú, yo, el hermano, el enemigo, tengamos vida y vida abundante. Yo soy el Señor, tu Dios, el que te pide que te abras al prójimo como yo me abro a ti. Que seas todo amor y compasión.

Cerca de tu corazón

25 de febrero
I Domingo de cuaresma
Rm 10, 8-13 La Palabra está cerca de ti: la tienes en tus labios y en el corazón

Tu Palabra me da vida. Tu palabra cercana, diaria, sorprendente, exigente, inesperada, conocida pero siempre nueva, renovadora. Tu Palabra en la eucaristía, que alimenta y forma en ti, en tus actitudes, en tus sentimientos, que me hace afectarme por ti. Tu Palabra, Señor, tantas veces silenciosa, en la oración, donde se hace seno en mi seno y entraña en mi entraña, y me hace gemir con dolores de parto hasta que me haga nueva criatura en ti, verdadero discípulo tuyo. Tu Palabra, Señor, que me llega mediada por mis hermanos de comunidad, por la Iglesia. Tu Palabra, Señor, tan cerca de mí.
 

Sígueme

24 de febrero
Sábado después de ceniza

Lc 5, 27-32  Sígueme

Puedo dejar un momento de silencio, vaciando mi corazón y mi mente de otras anhelos, poniéndome ante Jesús desnudo y en gratuidad, dispuesto a que me pida lo que quiera. Incluso puedo cerrar los ojos e imaginarme a Jesús ante mí. No solo preguntarme que he hecho por Jesús, que hago por Jesús, que puedo hacer en el futuro por Jesús, sino darme cuenta lo que Jesús está haciendo por mí.
Y escucharle cómo , de nuevo, me dice: Sígueme.

El ayuno

23 de febrero
Viernes después de ceniza

Is 58, 1-9 El ayuno que yo quiero es esto: que no te cierres a tu propia carne

Ayunar. Ayunar para transformar nuestro corazón de piedra en un corazón de carne. Ayunar para conseguir liberarnos de las cadenas a las que nos ata el propio egoísmo. Ayunar para que nuestra mirada se haga limpia para mirar la realidad propia y ajena: Ayunar para comprometerse en acerca el Reino de Dios, que ya está cerca, a nuestro mundo, en nuestra sociedad. Ayunar de nuestras propias ideas, prejuicios, y planteamientos para abrirnos a los otros, los diferentes…

Y ayunar es partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que va desnudo.. y no cerrarse a tu propia carne.

Tu testigo

22 de febrero
La cátedra del apóstol San Pedro

1 Pe 5, 1-4 Yo, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que va a manifestarse

Buen día para sentirse parte de la Iglesia universal, deudor del magisterio de San Pedro, que nos ha llegado a través de los obispos, y de su sucesor, el obispo de Roma, generación tras generación, desde la época de Jesús.

Magisterio que participa, también en nuestro mundo de hoy, de los sufrimientos de la pascua. Siempre en la Iglesia, en su magisterio, en nosotros, muerte y resurrección. Morir a nosotros mismos para dar vida.

Convertíos de corazón

21 de febrero
Miércoles de Ceniza

Jl 2, 12-18 Convertíos a mí de todo corazón

Comenzamos este tiempo de cuaresma, que es un regalo para cambiar de vida. Cambiar es siempre ir hacia delante, aceptando la realidad, que me interpela, me exige, hace que varíe mis comportamientos, mis ideas, mis criterios de análisis. Cambiar para convertir el corazón a un Dios que se hace presente, siempre, en la vida. Convertirse a El, porque es compasivo y misericordioso.

Deseo convertirme a ti, Señor.

La prueba

20 de febrero
Martes VII semana

Si 2, 1-13 Mantén el corazón firme, sé valiente, no te asustes en la prueba

En algunos momentos de la vida está llena de pruebas, que nos zarandea y nos desestabiliza. En el momento del desequilibrio son muchos los que ponen en duda la bondad de Dios, providente y lleno de atenciones con nosotros. Eterno tema del mal en el mundo, que nos separa de Dios. Y el peor mal es el que me afecta personalmente. Por eso lo que deseo es que mantengas mi corazón firme, y me hagas valiente…que no me asuste de las pruebas que me da la vida.

Sabiduría derramada

19 de febrero
Lunes VII semana

Si 1, 1-10 El Señor derramó (la sabiduría) y la repartió sobre todos los vivientes.

El Señor nos ha regalado con todo tipo de gracias desde el momento de la creación. Hoy nos recuerda que ha repartido la sabiduría entre todos nosotros. La sabiduría del que se sabe creado a imagen y semejanza de Dios. La sabiduría del saberme criatura, saberme dependiente de Dios. La sabiduría del que no entiende y en el no entender es sabio. La sabiduría del que busca, en todo momento, caminar según la verdad y la voluntad de Dios.

Amad al enemigo

18 de febrero
Domingo VII Semana

Lc 6, 27-38 Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen

Puedo dejar que este mandamiento de Jesús me interpele suavemente, aunque la carga de profundidad que supone haga tambalear mis criterios. Suavemente porque se trata de amar, de hacer el bien y de bendecir. Incómodamente porque nos pide que lo hagamos, que lo haga, con los enemigos, con los que nos odian, con los que nos maldicen. Nos pone frente a la dureza de nuestro corazón ante el otro…con nuestras agresividades ocultas…con el meollo del evangelio, de la vida de Jesús: dar la vida por todos.

Transfigurarse

17 de febrero
Fundadores Siervos de María

Mc 9, 2-13 Subió con ellos a una montaña alta, y se transfiguró

Llega inesperadamente este evangelio de la transfiguración al celebrar a los siete fundadores de los siervos de María. Subir contigo a la montaña, Señor, al lugar de la manifestación, al lugar del deslumbramiento, en amistad íntima contigo. Subir contigo porque seguimos tus pasos y nos invitas a esta subida, anterior a la subida a Jerusalén, a la subida al Calvario. Subir contigo para iluminados con la claridad de tu presencia, bajar al valle y ser en medio de nuestro mundo, luz. Reflejos de tanta gloria como en ti vemos. Transformados por tu transfiguración.