Lourdes

11 de febrero
Virgen de Lourdes

Salmo 103 Envías tu aliento y los creas

En medio de la bondad de tu creación se instala la enfermedad. Que deteriora y hace sufrir. La enfermedad física o psíquica. En niños, jóvenes, maduros y ancianos. La enfermedad que se hace presente en nuestra vida y en la vida de los que queremos. La cruz de la enfermedad.

Junto a la cruz estaba María, que hoy bajo su advocación de Lourdes quiere ser consuelo, fortaleza y salud de los enfermos. Gracias por el don de María, madre en la cruz.  Aliento de una nueva creación.

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Autor: Nano SM

Religioso Marianista, sacerdote. Actualmente trabajo en la pastoral de un colegio en Madrid, precisamente donde estudié y sentí la llamada a la vocación religiosa. Desde hace tres años escribo cada día un comentario a la Palabra de Dios, que me ayuda a encarnarla y a darla a los demás. De alguna manera participo en la misión de María, dando a Jesús, dando su Palabra.

4 opiniones en “Lourdes”

  1. La cruz de la enfermedad. Duele ver sufrir a quienes queremos. Pero tú Señor, que todo lo has creado, todo lo recreas, a todo le das sentido, con todo nos salvas. Y nos das una madre que nos cuida y nos lleva a tu salud. Gracias Señor.

  2. Nadie como María, la Madre de Jesús, nuestra madre para invocarla en la enfermedad. Ella vivió junto a su Hijo, su dolor, su agonía, su sufrimiento…
    Ella mejor que nadie nos puede acompañar en los momentos dolorosos de enfermedad y sufrimiento nuestro o de las personas queridas. De ella recibimos el consuelo, la caricia, el calor, la alegría y el abandono para sufrir el dolor.
    Gracias, Señor, por darnos a María, salud de los enfermos, consoladora de los afligidos. El sufrimiento a su lado es más suave, más leve, más llevadero, porque ella nos entiende mejor que nadie.
    María, hoy especialmente te pido por todas las personas que, cerca de mí, están sufriendo la enfermedad, el dolor y el miedo, que reciban de ti la comprensión y el consuelo en los momentos difíciles.

  3. El dolor de los demás a veces nos conmueve y nos provoca el deseo de ayudar. Sin embargo, este deseo, este voluntarismo tiene que ser sano para el otro. Necesitamos aprender a ayudar al otro en SU crecer, SU madurar, SUS travesías del desierto y a SU ritmo y manera.

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