El otro

14 de marzo
Sábado II cuaresma

Lc 15, 1-3.11-32 Un padre tenía dos hijos…

La parábola ya la conocemos, y gracias a ella sabemos de tu misericordia cuando, como hijos pródigos, nos damos cuenta de que estamos malgastando nuestra vida sin sustancia, apartados de ti. La parábola me muestra el rostro tan habitual del hermano mayor, que está siempre tan presente en mi vida. Todo lo hago como debo, soy bueno, estoy aquí, contigo, ¿por qué no me das un banquete….? Qué torpe para entender que cada día me invitas a tu banquete, Señor, y que estar contigo ya es la fiesta de mi vida.

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Cuarenta días con los cuarenta últimos: Malawi

Autor: Nano SM

Religioso Marianista, sacerdote. Actualmente trabajo en la pastoral de un colegio en Madrid, precisamente donde estudié y sentí la llamada a la vocación religiosa.

Desde hace tres años escribo cada día un comentario a la Palabra de Dios, que me ayuda a encarnarla y a darla a los demás. De alguna manera participo en la misión de María, dando a Jesús, dando su Palabra.

2 opiniones en “El otro”

  1. Que desasosiego para un Padre saber que tiene un hijo por el mundo sin conocer si estara vivo, y que ejercicio de humildad para un hijo volver a la casa de donde salió despues de haber faltado a la honra de su padre al pedirle la herencia en vida, y que alegría para ambos reencontrarse y hacer renacer de nuevo el amor entre ellos, en cambio el hermano que siempre fue recto y disfrutó todo lo que tenía su padre, falla al no perdonar y alegrarse con el regreso de su hermano, ¿Cual de los dos refleja mi actitud? Señor si tu no me juzgas en mis fallos y los perdonas ¿quien soy yo para juzgar y condenar a los demas?

  2. Que tranquilidad, Señor, que paz el saber que cuando me voy de tu lado, tú te quedas siempre esperandome, esperando que vuelva a casa, y viendome llegar desde lejos me esperas con los brazos abiertos para darme un abrazo y llenarme de besos sin dejarme hablar, solo abrazarme, quererme, prepararme una fiesta por la alegría de mi regreso.
    Dejame disfrutar de ti, de tu consuelo, de tu abrazo de tu perdón y sentirme querida aunque a veces me pueda ir lejos.

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