Jueves santo

5 de abril
Jueves Santo

Jn 13, 1-25 También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros

Este es el mandamiento nuevo. Y no lo has dicho solo de palabra, sino haciéndote tú, Señor, mandamiento nuevo de amor sin límites, desde abajo, lavando los pies, como un esclavo. Desde ahí, Señor. Quiero contemplarte hoy,  con ojos llenos de amor, del amor que tú mismo pones ante mi, al desplegar tu ser que se hace donación, que se hace servicio, desde abajo, con humildad, con una actitud de servicio sin límite.
Contemplarte en la eucaristía; contemplarte en esta hora santa. Reposarme ante ti y dejar que me unas a ti. Desde el amor.

 

 

 

Miércoles santo

4 de abril
Miércoles Santo

Is 50, 4-9 Yo no me resistí ni me eché a atrás

Contemplo, Señor, la actitud con la que afrontas la entrega de tu vida. No te resististe, Señor, no te echas atrás. Aceptas, Señor,  ser varón de dolores, ser siervo sufriente; aceptas, en silencio, sin abrir la boca, la humillación de ser acallado tú, que eres la Palabra. Aceptas, Señor, en el sufrimiento del Huerto de los olivos, sudar sangre de la tensión, que supone ser llevado el matadero. No te resistes ni te echas atrás. Si es posible aparta de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya. Úneme a ti, Señor. Ni resistirme a tu voluntad, ni echarme atrás. Aceptar humildemente, unido a ti.

 

Martes santo

3 de abril
Martes Santo

Jn 13, 21-33 Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar

Escucho tu palabra, Señor, este martes santo. Me voy preparando a celebrar tu pasión. Y tu palabra, que siempre resuena en mi corazón, me está diciendo que alguien, ¿seré yo Señor el que te va a entregar.?
Me pongo ante ti y voy repasando los momentos de mi vida, y ¡son tantos!, en los que te entrego, como Judas, o te niego, como Pedro. Cuento de entrada con tu misericordia y tu perdón. Y de ahí recibo la vida.

Lunes santo

2 de abril
Lunes Santo

Salmo 26 El Señor es mi luz y mi salvación

Ayer te bendecía. Hoy te reconozco como luz y salvación. Y esta semana va a estar marcada por la oscuridad de tu prendimiento, de tu pasión y muerte, que desemboca en la luz y la salvación que irrumpe, desbordando el día de Pascua. Quiero decir, sabiendo que hay que pasar por tu muerte, que eres la luz  y la salvación. Luz de nuestra vida, salvación que nos ofreces entregando la tuya. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?  El Señor es la defensa de mi alma, ¿quién me hará temblar? En ti confío, Señor. Te lo digo al inicio de esta semana, tan santa.

 

Domingo de ramos

 1 de abril
Domingo de Ramos

Lc 19, 28-40 Bendito el que viene en nombre del Señor

Con esta aclamación comienza la semana santa. Te bendecimos, Señor, y te alabamos. Reconocemos que eres el que viene en nombre del Señor, que eres el Mesías, el señor. Ahora, dos mil años después, ante el misterio pascual que vamos a comenzar en estos días, quiero empezar con esta aclamación, reconociéndote como Señor de mi vida, de mi historia; de nuestra vida, de nuestra historia; de la historia de salvación que se viene realizando en la Iglesia. Bendito eres tú, que das tu vida para que nosotros la recibamos de ti. Bendito eres, Señor.

 

 

Pastor

31 de marzo
Sábado V semana

Jr 31  El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño

Nos guardó, nos guarda y nos guardará. Pasado, presente y futuro de la realidad eterna de Dios en medio de nuestros ayeres, nuestros presentes, y nuestros futuros. Dios nos guarda como el pastor: dando su tiempo, tanto su atención, tanto su hacer, dándose, dando su vida. Como haces tú, Señor, en el misterio pascual que en comenzamos mañana a recordar. Como haces cada día en la eucaristía.  Recibimos la vida de ti, de tu muerte. Eres el buen pastor de este rebaño.

Sondeas

30 de marzo
Viernes V semana

Jr 20, 10-13 Sondeas lo íntimo del corazón

En lo más profundo de mi ser, en la interior bodega, en el jardín oculto, en lo íntimo de mi corazón, en la raíz , en mis deseos más desconocidos, en las profundas cavernas del sentido, en lo que es gracias a ti y en lo que no es por mi pecado, allí, Señor, estás tú, sondeando, escrutando mis gritos de auxilio, mis gemidos, mis peticiones de perdón, mis cánticos de alabanza. Gracias, Señor, porque tú eres y eres intimidad conmigo.

Guardar la palabra

29 de marzo
Jueves V semana
Jn 8, 51-59 Quien guarda mi Palabra no sabrá lo que es morir para siempre.

En continuidad con el comentario de ayer. Alcanzar la libertad, y la verdad, que van más allá de la muerte. Libertad del saberse creado por la Palabra, mantenido en vida por ella. Libertad del saber que el Ti, Jesús, y en tu palabra esta la fuente de la vida, del no morir, aunque ello conlleve muchas muertes. Ante la cercanía de tu pasión y muerte, ante tantas cruces cotidianas, saber que el que guarda tu palabra no morirá para siempre. En ti la vida. Gracias.

Libres

28 de marzo

Miércoles V de cuaresma

Jn 8, 31-42 La verdad os hará libres

La verdad viene de ti Señor. Puedo alcanzarla en la medida en que esté atento a ti, a tu palabra, a la manera en que te acercas a los demás para mostrar la verdad de la existencia y desde ahí colmar los deseos, sanar, salar. Tú, Señor, como verdad y criterio de discernimiento de mi vida. Tú Señor, invitándome a seguirte, a mantenerme en ti, escuchando, poniendo en práctica. Tú, Señor, ofreciéndome la libertad de tu verdad.

Escucha mi oración

27 de marzo
Martes V de cuaresma
Salmo 101 Señor, escucha mi oración

Se que escuchas mi oración, siempre y en cualquier momento, y lo que quiero decirte es que quiero poner todo lo que soy y tengo en tus manos, para decirme ante ti como oración. Tú sabes bien cuales son mis deseos y necesidades, cuál mi esperanza y mi temor, cuáles los desvelos, cuántas las preocupaciones. Tú me sondeas y me conoces. No ha llegado la palabra, la oración, a mi boca y te la sabes toda. Por eso se que escuchas mi oración. Porque me haces tu yo y te preocupas, y te ocupas, de mi.