retiro

18 de enero
Jueves II

Mc 3,7-12 Jesús se retiró con sus discípulos

Una vez más me muestras el camino que he de seguir, la importancia de un tiempo de retiro, el saber retirarse a tiempo, para que no me estruje la multitud, es decir, para que la vuelta del retiro, a la plaza de la vida, sea también una manera de servirte y alabarte. Dame el don de buscar lugares y tiempos de retiro, para encarnar tu salvación en medio de nuestra sociedad.

Contigo

17 de enero
Miércoles II

I Sam 17,32-33.37.40-51 Vete y que el Señor esté contigo

Hermosa despedida, o envío, o bendición antes de partir. Deseo que refleja una realidad. Tú estás conmigo, en todo momento, en toda circunstancia, en la salud y enfermedad, todos los días de mi vida. Soy yo el que, de vez en cuando, hago como si no fuera asi. Pero la fuerza de tu amor que me tiene tatuado en la palma de tu mano, en la cavidad más recóndita de tu corazón, me sigue invitando a caminar en la conciencia de tu presencia.

Apariencia

16 de enero
Martes II

I Sam 16,1-3 No te fijes en su apariencia

Fijarnos en la apariencia, Señor, es lo que hacemos cada día, en esta sociedad de la apariencia, del consumo, de la imagen, tantas veces falsa, que oculta el interior. Tú te fijas en el corazón, lo esencial, para ti, es lo interior. Enséñanos, Señor, esta verdad.

Odres nuevos

15 de enero
Lunes II

Mc 2, 1-22 Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos

Poco seguimos tu consejo, Señor, en general, en cualquier circunstancia de la vida, pues estamos tan encariñados con los odres viejos, son tan familiares, tan de casa, que no nos importa estropear el vino nuevo. Esto, especialmente, en la vida religiosa, es una tragedia. Ahí seguimos, acarreando tu vino nuevo en odres un tanto rancios. En fin, solo se me ocurre pedirte que nos aumentes la fe y que nos muestres el camino que hay que seguir.

Te busco

14 de enero
II domingo

Jn 1, 35-42 ¿Qué buscáis?

Hay preguntas que me desarman delante de ti, que me hacen interrogación y repuesta al mismo tiempo, ante la luz de tu mirada. ¿Quién eres? ¿Quién dice la gente que soy yo?, ¿Qué buscas? me preguntas. Desde la verdad, desde la sinceridad, hoy, ¿qué te puedo responder? Así, quedo en silencio, ante ti, Señor, para que aumentes mi fe.

Novedad

12 de enero
Viernes I

Mc 2, 1-12 Nunca hemos visto cosa igual

Te veo y quedo admirado, conmovido, urgido a ser tuyo para siempre. Dejas la impronta de tu ser en mi ser, y ya no vivo sino para ti, que vives en mí, y solo anhelo ser más tuyo y menos mío. ¿Más como perseveras, oh alma, no morando donde vives? Apaga mis enojos y véante mis ojos, pues eres lumbre dellos, y solo para ti quiero tenellos.

Tu tienda entre nosotros

11 de enero
Jueves I

I Sam 4, 1-11 Dios ha venido al campamento

Has puesto tu morada entre nosotros, habitas en nuestras ciudades, en nuestras casas, en nuestros cuerpos, eres nuestra carne, somos alabanza de tu gloria, beso, caricia, abrazo de ternura infinita, presencia vida, manifestación amorosa, epifanía de gozo, elegidos antes de la creación del mundo para ser en ti, encarnados, santos e irreprochables en el amor.

Lugar de oración

10 de enero
Miércoles I

Mc 1, 29-39 Se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar

En la soledad y el silencio me haces más tuyo, me cuajas para ti. Aunque siempre en toda circunstancia, en todo momento, en cualquier espacio, en medio de la plaza, estás conmigo, me llenas de tu hermosura, me vistes de gala y de triunfo, como enamorado que se adorna para el amado, que viene siempre. Aumenta mi deseo de ti, en la oración solitaria y silenciosa, en la práctica diaria del amor.

Gracias por la próxima beatificación de Adela de Tranquelleón, fundadora de las religiosas marianistas, cuyo aniversario de muerte celebramos hoy. ¡Hosanna!

Gracia ante ti

9 de enero
Martes I

Sam 1,9-20 Que tu sierva encuentre gracia a tus ojos

Muchas mujeres, y también hombres, acuden a ti con fe para pedirte, para implorarte, para manifestarte sus necesidades, sus agobios, sus esterilidades, para que cambies su luto en danzas y su sayal en traje de fiesta. Abres tú la mano y sacias de favores a todos los vivientes, y das a cada uno, a su tiempo, la gracia oportuna para vivir como hijos tuyos. Gracias, Señor.