Estrellas del cielo

21 de marzo
martes III cuaresma

Dn 3,25.34-43 como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas

Así es la fecundidad que procede de ti, como las estrellas del cielo en una noche oscura, como las arenas marinas de una playa desierta, infinita, como la inmensidad que se abre a tu presencia cotidiana, en el ir y venir ajetreado pero en paz, en el mirar con asombro lo que pasa ante los ojos, el tulipán que se abre en la jardinera, las flores que coronan el cactus, el amanecer en la hora violeta. Así, Señor, al estar habitado en la claridad de tu presencia.

Con José

20 de marzo
San José

Mt 1,16.18-21.24a Estaba desposada con José, y antes de vivir juntos

José el asombrado, el aturdido, el asustado, el hombre justo, el padre bueno, el que acoge el misterio que le llega inesperadamente, sin saber cómo es, cómo ser, qué significa, qué supondrá, las consecuencias del amor, de la intervención de Dios en su vida. José que confía, que se abre, que escucha la voz de su sueño. José, el padre del hijo de Dios.

Tu don

19 de marzo
III domingo de cuaresma

Jn 4, 5-42 Si conocieras el don de Dios

Si conocieras el don de Dios serías pájaro que canta en la espesura, ruiseñor de noche, cueva de leones, lecho florido, páramo en flor, patagonia inmensa, atacama de estrellas, fuente sellada, manantial de gozo, sed saciada, pozo abierto, entraña fecunda, dolor callado, herida cerrada, vida donada, como el propio don que recibo de ti, señor de mi vida, agua sin fin que brota de tu pecho, donde me recoges.

Tus besos

18 de marzo
sábado II de cuaresma

Lc 15, 11-32 Lo cubrió de besos

Así estoy, cubierto por tus besos, abrazado por tu misericordia, acunado en tu amor, aprietas mis entrañas con tu aliento generoso, lleno de perdón y de olvido, me haces renacer en la casa donde he nacido. Fiesta en el cuerpo recuperado en ti.

soñador

17 de marzo
Viernes II de cuaresma

Gn 37,3-4.12-13.17-28 Ahí viene el soñador

Hazme parte de tu sueño de vida, Señor, sueño de una humanidad en ti, imagen tuya, de una humanidad rescatada del pozo de la miseria, de una humanidad recuperada en la luz de tu sueño abierto, en la noche florida. Sueño con la verde esmeralda vendida por envidia, enrojecida por la traición de la envidia, manos manchadas de sangre fraterna, lanza que atraviesa tu costado, donde apago mi sed de ser en ti.

esclavo

15 de marzo
Miércoles II de cuaresma

Mt 20, 17-28 el que quiera ser el primero que sea vuestro esclavo

Muy bonita como frase tuya, Señor, en tu evangelio, frase linda para meditar, para predicar, para exhortar…pero muy difícil de vivir, más en nuestra sociedad. El que quiera ser primero que sea el primero, que llegue a ser el primero sin reparar cómo, pisando, marginando, olvidando su propia carne en la carne del hermano último…sea el primero con un buen marketing, transformando su imagen, olvidando su ser, traicionando su corazón. Quiero ser el primero en abrazarte en la cruz, y no se cómo.

Servidor

14 de marzo
Martes II de cuaresma

Mt 23, 1-2 El primero entre vosotros que sea vuestro servidor

Hazme servidor del que está oprimido, del abandonado, del excluido, del marginado, del que no cuenta. Parece que cuento, pero hazme carne de olvido en la carne de tu humanidad llagada. Tú, que vuelves mis pecados, rojos como la púrpura, más blancos que la nieve, haz que coma los frutos de tu misericordia para servir en banquete de tu amor entregado.

13 de marzo
Lunes II de cuaresma

Lc 6, 36-38 sed misericordiosos

Sed misericordiosos, sed compasivos, perdonad, no condenéis, al igual que hace vuestro padre del cielo, me dices, Señor. Y me pongo ante ti, con las manos vacías, pero lleno de amor, mientras te pido que me hagas antorcha tuya en medio de la oscuridad, llama en el mar, flor en el desierto. Mientras traza en mi corazón el signo indeleble de tu amor.

Transfigurado

12 de marzo
II domingo de cuaresma

Mt 17, 1-9 Se transfiguró delante de ellos

Tu luz, tu claridad, tu resplandor, la gloria de tu rostro, tu destello, tu resplandor, tu fulgor, la maravilla de tu cuerpo transformado, que me transforma en tu llama de amor viva, y me consume y no da pena, ahí, ante mí, transfigurado en el cuerpo de quien solo es cuerpo llagado, abandonado, marginado. Guárdame en tus llagas, hazme beber tu dolor, transfigúrame en la cruz de la humanidad herida.