Dime una palabra

31 de diciembre
Octava de Navidad

Jn 1, 1-18 En el principio ya existía la Palabra

Tu palabra, cada día. Dime una palabra, Señor, y quedaré sano. Tú la vid de la palabra, yo el sarmiento inserto en ti, por tu misericordia. Con tu palabra me das vida. Tu palabra me baña, me refresca, me ilumina, me acuna, me sube, me baja, me sondea, me redime, me atrapa, me alcanza, me deja, me lleva al desierto, me teje en el silencio, me desteje al despertar la aurora, ensancha el espacio de mi tienda, me hace caminar por las alturas, me conduce hasta la luz de tu mirada, me deja en el asombro inesperado, en la raíz admirada, en el silencio habitado.

12.31

Ojos

29 de diciembre
Octava de navidad

Lc 2, 22-35 Mis ojos han visto a tu salvador

Ciego por haberte visto, mudo por haberte visto, paralizado por haberte visto, y sin embargo eres mi luz, mi palabra, mi agilidad, y tu espíritu me da la vista, rompe mi lengua en el silencio, me hace caminar por las alturas, como corzo asustadizo que al mínimo ruido salta y sube, sin distraer su mirada, posada en las alas de tu águila. Tu Palabra me da vida, confío en ti, Señor.

12.29

Sagrada familia

28 de diciembre
La sagrada Familia

Lc 2, 22-40 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño

Gracia, compartida, morada del espíritu, cumplimiento de la ley, marchar en paz, ojos que ven al salvador en lo cotidiano, luz que alumbra a las naciones, gloria del pueblo por las calles…en tu familia, Señor, admiración, asombro, agradecimiento. Dame el contemplar, en silencio, el caudal de tu amor.

12.28

Evangelista

27 de diciembre
San Juan, apóstol y evangelista

I Jn 1, 1-4 Lo que contemplamos

Préstame tu voz, silenciosa y solitaria, para contar sus maravillas.

Señor, permite que abramos nuestro ojo interior y recordemos el día en que soplaste la vida en nosotros, que nuestros oídos te oigan y nuestros ojos te vean en los demás. Porque contemplé tu luz en el desierto y me cegó tu luz en las alturas. Desde entonces me das un león para sentarme a su lado, una serpiente para acariciar sus curvas y un oso para atravesar el campo, y siento tu aliento guardando el mío.

12.27

Lirio del campo

26 de diciembre
San Esteban

Mt 10, 17-22 No os preocupéis

¿No ves el lirio que florece junto al portal de Belén, o la margarita del campo, o la hierba que nadie mira? Te digo que ni Salomón, en toda su gloria, andaba vestido como ella, que hoy es y mañana perece. Por otra parte, como tú, que hoy eres y mañana no serás. ¿Quién eres?¿Por qué te preocupas, dónde tienes tu tesoro, dónde tu corazón? Mira a los pájaros de cielo….

A tus manos encomiendo mi espíritu, Tú, el Dios, leal, me librarás.

12.26