31 de diciembre
Octava de Navidad
Jn 1, 1-18 En el principio existía la Palabra
Al final del año es bueno recordar el principio. El origen nos ayuda a interpretar el final. Alfa y Omega en Ti, Señor del tiempo y de la historia. Tú nos has creado para que vivamos en ti, y caminemos al encuentro contigo, al final de nuestra existencia, que se abrirá como un principio de vida en tu presencia. Un año muere, nace un año. Gracias.
Señor, por todo lo recibido. Perdón, Señor, por tan poco como he acogido tu gracia. Te pido humildemente la bendición.

30 de diciembre
Octava de Navidad
Lc 2, 36-40 Sirviendo a Dios con ayuno y oraciones
Otro personaje entrañable de estas narraciones del evangelio de tu infancia: Ana, muy anciana. Dedicada a lo tuyo, pues no se apartaba del templo ni de día ni de noche. Te servía con ayunos y oraciones. Y al verte venir en los brazos de tu madre se acerca para contemplarte y dar gracias a Dios. Así, como Ana, Señor, haz nuestro corazón. Humilde y permanente en tu servicio, lleno de acción de gracias porque llenas nuestro hoy, tan pequño, con tu salvación.

29 de diciembre
Octava de Navidad
Lc 2, 22-35 Mis ojos han visto a tu Salvador
Te has manifestado, Señor, como Salvador. Has iluminado nuestros ojos, ciegos, que están llenos de oscuridades, y te has presentado como sol que nace de lo alto, que disipa las tinieblas, que llena de claridad las noches de nuestra existencia y de nuestro dolor y las abras para que nazca el día y entre la aurora de tu salvación. En un pobre niño, en un pobre portal, muestras tu bondad y tu misericordia entrañable. Y haces que nuestros ojos te reconozcan como Salvador, luz de las gentes.

28 de diciembre
Sagrada familia
Col 3, 12-21 Vestíos de misericordia entrañable
Es lo que te pido, Señor, para que la convivencia en nuestras familias sea sagrada, como en la tuya. Que nos vistamos de misericordia entrañable, que reine en nuestras casas la bondad, la humildad, la dulzura y la comprensión. Con esos ingredientes viviremos según tu evangelio y seremos una buena noticia para los otros. Seremos fuente de bendición. Y participaremos de tu amor, que es el ceñidor de la unidad consumada.

27 de diciembre
San Juan Evangelista
Jn 20, 1-4 Vió y creyó
El otro discípulo, tu amado, entró después que Pedro al sepulcro, tras tu muerte, y vio las vendas en el suelo y el sudario enrollado aparte, vio y creyó en tu resurrección. Y lo que ha visto y ha oído le mueve a dar testimonio, y a anunciar la vida eterna que estaba con el Padre y que se manifestó. Y nos da testimonio para que nuestra alegría sea completa. Y que desde esta alegría también nosotros, que creemos sin ver, aunque hemos visto, demos testimonio de Ti, Señor, y comuniquemos al mundo la Buena Noticia de tu salvación.

26 de diciembre
San Esteban, protomártir
Salmo 30 A tus manos encomiendo mi espíritu
Contemplarte niño recién nacido, no impide que hoy contemplemos la muerte de quien cree en ti y da su vida, unido a ti, entregándonos el testimonio de su propia existencia. Contemplarte ayer recién nacido, y contemplar hoy el misterio de una vida que tu has dirigido y guiado, de una muerte entregada en tus manos. Muerte en ti: así haces brillar tu rostro sobre tu siervo, y le permites contemplar tu gloria. Desde la cuna hasta la tumbar, somos tuyos, Señor.

25 de diciembre
Misa del día
Jn 1, 1-18 En el principio ya existía la Palabra
La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

25 de diciembre
Misa de la aurora
Lc 2, 15-20 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en un pesebre
Recibirte, Señor, de manos de tu madre, es poderte reconocer sin engaños, saber que estás ahí, hecho un pobre niño, carne recién nacida, abierta al mundo y a la historia. En manos de tu madre adorarte y creer, con la ayuda de tu gracia, que eres el mismo Dios admirable, rico en misericordia, padre perpetuo, príncipe de la paz. Que así te presentas, en los límites del mundo, en la periferia más abandonada: De manos de María. Para que podamos reconocerte.

25 de diciembre
Misa del medianoche
Lc 2, 1-14 Aquí tenéis la señal: encontraréis un niño envuelto en pañales
La señal de tu amor por nosotros: siendo Dios te has hecho pobre para enriquecernos, en medio de las tinieblas has brillado como una luz sin límites, acreces nuestra alegría, aumentas nuestro gozo, porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y nos llamas a adorarlo. Esta noche santa.

25 de diciembre
Misa vespertina de la vigilia
Is 62, 1-5 A ti te llamarán mi favorita
En nuestra carne nos visitas y nos vistes de gala y de triunfo, con tu encarnación nos haces favoritos, nos desposas, alejas de nosotros el sin sentido de no tenerte o no poderte conocer. Esta noche se abre la aurora de tu justicia y la salvación llamea como una antorcha. Todos los pueblos de un extremo al otro del orbe, verán tu justicia. Y los más pobres contemplarán tu gloria, y participarán de la gloria de tu reinado.
