9 de febrero
Martes V
1 R 8, 22-23.27-30 Escucha
Salomón te invoca junto al altar del templo que te acaba de construir. Y en un breve fragmento te pide cuatro veces: “escucha el clamor y la oración de tu siervo” “Escucha la oración que tu siervo te dirige” “Escucha la súplica de tu siervo y de tu pueblo” “Escucha tú, desde tu morada del cielo, y perdona”. Insistencia. Perseverancia. Oración que se hace letanía: escucha, Señor. Escucha mi oración.

8 de febrero
Lunes V
Mc 6, 53-56 Le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto
Se acercan a ti, Señor, convencidos de que van a recibir bien, salud, misericordia. Convencidos de que el encuentro contigo es fuente de dicha. Que tu mano infunde vida. Que tu mirada recrea. Que tu persona transforma. Se acercan a ti con sencillez, con humildad, sin exigir, conformándose solo convocar el borde de tu manto. Así me quiero acercar yo, Señor a Ti.

7 de febrero
Domingo V
Lc 5, 1-11 Maestro nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada
Es el lamento, la constatación, que tantas veces tenemos en nuestra boca y en nuestro corazón. Trabajamos, nos esforzamos, planificamos, programamos, ejecutamos, y parece que no obtenemos los resultados obtenidos. Tú nos pides que sigamos en el empeño, sin desfallecer. Gratuitamente, confiando en tu Palabra. Tú sabrás, Señor. Pongo mi voluntad en la tuya.

6 de febrero
Sábado IV
1R 3, 4-13 Da a tu siervo un corazón dócil
Esta es la petición que te hace el rey Salomón, que se considera un muchacho que no sabe desenvolverse, cuando accede al trono. Y Tú le escuchas y le concedes un corazón sabio e inteligente…con la sabiduría que procede de ti.
¿Qué te pido Señor? ¿Soy capaz de pedirte la sabiduría de la cruz?

5 de febrero
Viernes IV
Mc 6, 14-29 El rey se puso muy triste, pero por el juramento y los invitados no quiso desairarla.
El qué dirán hace rodar la cabeza de San Juan Bautista. Herodes, Herodías, Salomé…El qué dirán en vez de el qué dirás Tú, Señor. Poner como criterio de discernimiento, de actuación, no tu voluntad si no lo que los demás puedan pensar, las reacciones del prójimo, las apariencias. Vivir esclavo de la opinión ajena, ser esclavo de la propia imagen, no de la imagen que tú has puesto en mí. Un episodio tal actual.

4 de febrero
Jueves IV
Mc 6, 7-13 Ungían con aceite a muchos enfermos, y los curaban
Enviados por ti, Señor, a sanar en tu nombre. Muchos hombres y mujeres que, desde la sanidad, consuelan y confortan a los enfermos y los moribundos, en países pobres y países ricos, en el norte y en el sur. En tu nombre. Para tu gloria. Labores que la Iglesia ha desarrollado siempre a través tantos religiosos y religiosas entregados a sanar, como hacías Tú. A mostrar tu rostro lleno de ternura, cercano, que sufre crucificado en medio del dolor y ofrece la salvación.

3 de febrero
Miércoles IV
Mc 6, 1-6 No desprecian a un profeta más que en su tierra
Parece que estamos condenados, Señor, a menospreciar o despreciar a las personas que se nos presentan en tu nombre, que sirven a la Iglesia con toda la generosidad de la que son capaces. Que desprecie tu sociedad a tus enviados, es malo. Peor es que dentro de la Iglesia menospreciemos, o ignoremos, a los que también vienen en tu nombre. Aunque sean diferentes a mí. Perdónanos, Señor.

2 de febrero
La presentación del Señor
Lc 2, 22-40 Mis ojos han visto a tu Salvador
Los consagrados a Ti en la vida religiosa, Señor, hemos visto tu rostro salvador que nos ha llamado. Dejándolo todo, te hemos seguido. Te reconocemos como luz que nos alumbras y con tu luz queremos alumbrar a las naciones. Hacemos oblación de nuestra vida y queremos, con sencillez y humildad, darte gloria. Religiosos y religiosas pobres, castos, obedientes, que pasamos desapercibidos en nuestra sociedad. Que en tu nombre hacemos Tu bien. En la dinámica tan evangélica, tan incomprendida, de lo oculto y paradójico. Hoy es nuestro día. Nos ofrecemos a Ti, en la Iglesia.

1 de febrero
Lunes IV
Mc 5, 1-20 Empezó a proclamar lo que Jesús había hecho con él. Y todos se admiraban
Quien proclama lo que ha recibido de Jesús, el don de Dios, es un hombre poseído de un espíritu inmundo, que ha sido liberado por Jesús. Puede ser un buen ejercicio, Señor, para el día de hoy ponerme ante ti y recordar los beneficios de tu amor, lo que transformas mi vida cotidiana, lo que haces cada día por mi. Y al darme cuenta proclamar. Y al proclamar llevar a otros hacia Ti.

31 de enero
Domingo IV
I Co 12, 31-13, 13 Ya podría conocer todos los secretos y el saber….
Ya podría hablar las lenguas de los ángeles; ya podría tener el don de profecía, podría tener fe como para mover montañas; podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo…todas estas cosas, maravillosas, que me hacen considerarme algo…Pero si no tengo amor, de nada me sirve; si no tengo amor, no soy nada. Tengo tu amor, Señor, para comenzar a amar.
Y me pregunto, ¿cómo amo?
