29 de enero
Domingo IV
Dt 18, 25-29 Pondré mis palabras en su boca
A eso aspiro, Señor, Palabra encarnada: a que mi boca solo pronuncie lo que ha salido de la tuya, a que mi corazón sea un seno para que tu Palabra anide en mis entrañas, y se encarne en mi existencia. Así lo que llena el corazón saldrá por mi garganta para alabar y bendecir tu nombre. Dime una palabra.

28 de enero
Sábado III
Mc 4, 35-41 ¿por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
Pánico a las tempestades externas e internas, a los vientos que mi ego desata, a las tormentas de los sentimientos, de los apegos, de las fantasías…Miedo a hundirme y enfarragarme en las arenas movedizas de mi falta de fe. Sin darme cuenta que caminas siempre conmigo. Tras tanto miedo escucho tu reproche: ¿por qué sois tan cobardes? Aún no tenéis fe?

27 de enero
Viernes III
Sm 11,1 -4.5-10.13-17 Para que lo hieran y muera
Este es el gran pecado, Señor, del hombre según tu corazón: disponer la muerte de Urías, el hitita, el marido de su amante, embarazada por su pecado. Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia. Misericordia, Dios mío, por tu bondad. Es tu bondad el punto de referencia…lo que permite salir de nuestro pecado, y acceder a un corazón puro, regalo de tu amor.

26 de enero
San Timoteo y San Tito
Lc 10, 1-9 Poneos en camino
Con qué urgencia, Señor, nos llamas a ponernos en camino para evangelizar, como hicieron Timoteo y Tito, y tantos santos que con ardor e impulso misionero no tuvieron ni tiempo para escribir documentos sobre la evangelización sino que acudieron raudos a tu llamada y comenzaron a evangelizar, nueva evangelización, la sociedad de su tiempo. Impúlsanos tú, Señor.


25 de enero
Conversión de San Pablo
Hechos 22, 3-16 …una gran luz….
Iluminó a san Pablo en el camino de damasco, y le dejó ciego para que pudiera ver en la luz que no conoce el ocaso. Una gran luz, inesperada, arrebatadora, turbativa, transformó su vida y la dejó abrasada en la claridad de tu verdad. Una gran luz le movió a evangelizar y proclamar la vida que vino al mundo para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte. Tu luz, Señor, nos hace ver la luz.
Te pido por la unidad de los cristinos.
24 de enero
Martes III
I SM 6, 12-15.17-19 E iba danzando ante el señor con todo entusiasmo
La danza ante ti, Señor, como gesto de gratuidad, de amor, de adoración y de unión entregada. La danza que no voy a realizar en físicamente pero que puedo realizar en el tablado de mi corazón, con la música que tú pones en el pentagrama de mis anhelos. Danzar con entusiasmo, con la danza del amor hermoso.
Te pido por la unidad de los cristia
nos.
23 de enero
Lunes III
Salmo 88 Mi fidelidad y misericordia lo acompañarán
Esta es la certeza, ya experimentada en mi vida: tu fidelidad y tu misericordia me acompañan todos los días, sobre ellas descansa la posibilidad de mi torpe respuesta, ellas permiten la intención de mi fidelidad. Porque tú, Señor, eres la roca firme sobre la que se edifica mi existencia. Sin tu gracia, todo se desmoronaría.
Te pido por la unidad de los cristianos.

22 de enero
III Domingo
Mc 1, 11-20 Venid conmigo
Se cumplía el tiempo de la revolución francesa y el Beato Chaminade, cuya memoria se celebra en este día, se convertía a ti, creía en el Evangelio, y se disponía a escuchar tu llamada que decía: Ven conmigo, te haré pescador de hombres. Llamada que nos sigues dirigiendo cada día a todos, ¡Ven conmigo!, ven a evangelizar, desde la Iglesia, desde la entraña de María.
Te pido por la unidad de los cristinos.

21 de enero
Sábado II
Mc 3, 20-21 Jesús fue a casa con sus discípulos y se junto de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.
Esta es tu Palabra. Para hoy.

20 de enero
Viernes II
Mc 3, 13-19 Jesús, mientras subía a la montaña,…
Subir contigo a la montaña, subir, subir, dejando todo, llevando nada, subir subir contigo a la montaña, en silencio, con todo el cansancio de la escalada, subir, subir, y luego nada, nada, desprendido de todo, nada, nada, para alcanzar la dicha que no se alcanza, que es puro don inesperado, para ser llamado porque me quieres, para que vaya contigo a proclamar tu salvación.
